La historia interminable de La Romareda parece no tener fin.
Hace unos días que instituciones, sociedad deportiva y entidades financieras tenían que retratarse ante la fecha límite de finales de octubre para ofrecer una candidatura sólida a la Federación de Fútbol.
Bien, pues todo indica que la ideología parece poder más que el interés general de los ciudadanos.
Es preocupante que la cuarta ciudad de España no tenga un estadio a su altura. Después de la utilización de Unidas Podemos (no tenían nada que perder) para dinamitar la seguridad jurídica de la propuesta de la sociedad inversora, ha sido obligado optar por una fórmula similar a la empleada en Bilbao, pero sin que una entidad financiera de peso se implique.
A la novela le quedan muchas páginas por escribir y nadie conoce el guion, que puede tener mucha incertidumbre todavía.
Poca transparencia se ha se ha advertido hasta ahora, pero no optar a las ayudas de la Federación de Fútbol para construir un nuevo estadio sería imperdonable.
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